Día de la Universidad 2016

Discurso de la Rectora de nuestra casa de estudios Mtra. Carmen Beatriz López-Portillo Romano

Honorables Miembros del Consejo Universitario

Honorables Miembros del Consejo Académico
Madres, padres, familiares y amigos de los alumnos que egresan
Profesores que nos acompañan
Alumnos, queridos alumnos:

Antes de empezar quiero agradecer a nombre de nuestra comunidad a las madres, a los padres de familia su presencia, su apoyo y su confianza, el habernos dado la oportunidad de formar parte de sus vidas y de permitirnos participar en la educación de sus hijos. Les pido a los familiares de los alumnos que egresan que se pongan de pie para reconocerlos. Muchas gracias.



Lo que está ante ti te remite a tu imagen
Lo que está detrás es tu rostro perdido
Edmond Jabés

Alma mía no aspires a la inmortalidad,
Pero agota los límites de lo posible
Píndaro

Estamos parados en el umbral de los tiempos, detenidos hoy en este presente que une las promesas, la de antes, la de ahora, la que se cumplió y la que anuncia el porvenir. Estamos en el umbral detenidos en este instante que dura lo que duran las palabras, un suspiro entre el pasado y el futuro, distancia que marca la transformación de dos infinitos.

No olvidemos que el pasado fue alguna vez presente, frágil dimensión e incierta que nos abrió al porvenir, a este momento en el que nos detenemos a mirarnos al espejo para hacer un balance del tiempo transcurrido. El presente es el instante de la libertad de elección, la dimensión que nos abre a todos los caminos, lo que somos, lo que podemos ser. Conforme tomamos decisiones segamos las ramas del árbol de las posibilidades, dejamos de recorrer muchos caminos, perdemos o ganamos oportunidades y presencias, miradas, pieles y voces, resonancias, tangencias y colores, niveles infinitos de tiempo. Es en el presente en el que comprometemos las posibilidades todas de nuestro ser. Cada decisión, aun la más pequeña incide en nuestra vida, a veces la define de manera irremediable. Hoy, tal vez mejor que antes, nos corresponde entender lo transitivo de nuestra condición para darle significado y sentido.

Hoy, mejor que antes tal vez, sabemos que nuestros actos dejan huella, algunas voluntarias, otras no; de todas somos responsables, más allá de nuestras intenciones.

El núcleo de nuestro yo, nuestra “yoeidad” como solía decir mi padre, es memoria y voluntad, y nuestra conciencia es ese punto irreductible y misterioso gracias al cual construimos o inventamos lo que somos, esta curiosa sensación de permanencia. Estamos emplazados en el tiempo, prendidos a la redondez de este mundo del que somos responsables, divididos entre el presente que se nos fuga constante y cambia, y la impresión de continuidad sobre la que creamos nuestra propia identidad; ese yo que somos y que nos confiere al menos, como alguna vez lo intuyó George Steiner, una pequeña reserva interior frente a los embates de la realidad, ese yo que somos y que, si valoramos y elegimos bien, nos permite abrir nuestra mirada al horizonte donde trascendemos de nuestro ser al ser del otro, y tejemos nuestra conducta y la hacemos valer. La tejemos y la hacemos valer porque somos libres. Y porque somos libres, somos responsables. Nuestra responsabilidad radica en la manera de dar respuesta ante lo que acontece, ante lo que nos pasa. Sor Juana afirmaba que “ni los méritos ni las culpas son tales si son obra de un actuar necesario”.

Hoy lo que compartimos, pues, es la conciencia de nuestra responsabilidad. En última instancia ése es el compromiso nuclear de este Claustro nuestro, suyo y mío, este Claustro que ha cobijado durante años nuestra vida. En mi caso entre estos muros y columnas, bóvedas y pasillos he transcurrido veinticinco años, muchos de ustedes no habían nacido siquiera, cuánto tiempo, un parpadeo.

Espero que una de las certezas que se lleven en el corazón y en la mente sea que el ser humano, porque es libre, es responsable y puede cambiar su ser, puede formarlo, puede transformarlo, puede hacer del futuro, porvenir a través del conocimiento, de la memoria, de la voluntad, de la conciencia, de la responsabilidad. El saber tiene riesgos, ustedes lo saben, nos confronta con la realidad, nos desacomoda, nos interroga y cuestiona. Hace que perdamos la inocencia, esa es su riqueza y su riesgo, por eso inquieta, porque la conciencia no da nuevo conocimiento sino provoca nuevas miradas, una nueva forma de ser, nuevas responsabilidades ante nosotros, ante los otros, ante el mundo, ante lo que nos trasciende. Recuerden que Sor Juana recordando a Balthazar Gracián decía: “Las ventajas en el entendimiento lo son en el ser”.

El pensamiento crítico nos aleja de las convenciones, de las presunciones establecidas, del pavoneo de las certezas y las creencias aceptadas, y nos vuelve interrogadores y hacedores de porvenir. Esa es la importancia del lema que nos anima. Saber para valorar, valorar para elegir. Y es en la dimensión de la valoración y la elección en la que se nos juega el futuro.

Cada año nuestra casa de estudios repite esta tradición que, de acuerdo con su etimología significa lo que se entrega, lo que se trasmite como valioso. Cada año, por un instante encaramos el pasado y lo interrogamos para valorar nuestra conducta, nuestras decisiones, para saber si eso a lo que entregamos nuestra voluntad, valió la pena, para responsabilizarnos de los tiempos transcurridos y estrenar nuevos.

Para ustedes, jóvenes que egresan, para todos nosotros, el día de hoy marca un fin y un principio. Hoy, al investirlos como licenciados y como maestros, nos sumamos a la tradición que afirma en un gesto visible el reconocimiento de un logro. Hoy festejamos no sólo los años de estudio y las tantas obligaciones cumplidas, los saberes, las habilidades y las actitudes acreditados, sino el que, a lo largo de este transitar, hayan asumido no sólo un saber o un saber hacer, sino una forma de ser meritoria abocada a la vida, al sentido del otro, al compromiso con aquellos valores que hacen que la vida valga la pena ser vivida. Hoy tal vez saben mejor que antes, quiénes son, qué cumplieron, con qué se comprometieron y de qué manera hacer del futuro porvenir.

De eso trata este rito tributario del pasado.

Y hoy, como el día de la Lección Inaugural, les repito lo que en este Claustro importa, la vida importa y la coherencia, aspirar a la verdad y oponernos de manera radical a la mentira; importa la solidaridad y el humor, la disciplina y el compromiso académico, el respeto por el otro y la responsabilidad, la escucha y la consideración, la música que hicieron con sus voces y los ritmos que encontraron con sus manos, el mapa que levantaron del territorio visitado, lo que aprendieron, lo que descubrieron, de lo que dudaron, con lo que se comprometieron, las geometrías que habitaron, la indignación y la rabia ante la injusticia y la mentira, el desahogo y la búsqueda de nuevas esperanzas, la alegría ante los logros y los reconocimientos, los verbos acumulados en los años, el asombro ante la vida y los colores, los abrazos que los sostuvieron ante la ausencia y el dolor, las voces que los animaron, que los retaron, que los incitaron y aguijonearon, el llanto por esas ausencias que nos atravesaron y lastimaron estos años, la profunda tristeza ante la muerte de nuestros maestros, la de Don Arturo Romano Pacheco, ese hombre que acompañó la marcha de la institución, que participó en la Asamblea de Asociados, que nos aconsejó y nos ayudó a tomar buenas decisiones, que nos cuestionó y enriqueció con su experiencia, que participó en las excavaciones y reconstrucción de este Claustro, que descubrió los restos atribuidos a Sor Juana. A Don Arturo le otorgamos la Presea Sor Juana; y el nuevo espacio que cobija el quehacer de los profesores de tiempo completo lleva su nombre. Lamentamos también la muerte de Jorge Riveros ese profesor que llegaba a las 6:00 de la mañana a asesorar generosamente a cualquier alumno que lo requiriera, la de Luis Lledías que descubría en el tono de la voz la tesitura del canto o la ausencia de Arturo Sánchez Oviedo quien enseñaba a pescar continentes en un bote de basura y al final de sus días incluso bajo el efecto de los sedantes quería venir al Claustro a evaluar a sus alumnos; y la de Alberto Reyes Chacón quien recuperaba el ánimo de los estudiantes después de partir a un animal diciendo que ya bien lavado, cocinado y servido ni quien recordara el proceso.

El ejemplo de ellos y su legado compromete nuestra vida, hoy los recordamos con agradecimiento y admiración. Sufrimos también la ausencia de dos compañeras Debie Fernanda Montoya Guzmán y Anyel Karina Cruz Sandoval, las tenemos presentes.

La vida importa, importa contar del 1 al 43 durante meses, nombrarlos a todos por su nombre como Anna Ajmatova escribió en Requiem, caminar enlazados alrededor del Claustro hasta abrazarlo para significar los caminos posibles para la paz, recorrer las calles con la indignación en la garganta y la petición de justicia en la piel, organizar Jornadas para pensar la responsabilidad social de la Universidad o la defensa de la libertad de expresión, escuchar al Premio Nobel de la Paz Don Adolfo Pérez Esquivel hablar de la importancia del diálogo y el respeto al otro, recibir a las madres con hijos migrantes desaparecidos y festejar el encuentro de algunos de ellos, armar los talleres de verano para los niños del Centro, y festejar sus risas, la alegría de sus juegos y alborotos, montar la Feria Universitaria del Libro Independiente, viajar a Oaxaca o a Michoacán, a Londres, a Puebla o a Yucatán, hablar de Shakespeare y de Cervantes, levantar los Altares de Muertos de todos estos años para honrar a Sor Juana y sus dimensiones todas, organizar un evento circense para vencer las leyes de la gravedad, diseñar con comida decenas de trajes para participar en las Pasarelas Gastronómicas en México y en el extranjero y disfrutar los cuernitos de jamón después de horas de ayuno y de trabajo, ver derrumbarse la producción de pasteles con los que acreditarían su asignatura, oír desde el fondo de la cocina el propio nombre con entonación y acento español, organizar en Zéfiro una cena Huasteca o propiciar el diálogo entre la gastronomía y el arte, asistir a clases a pesar de los cortes por la visita papal, partir el pastel de cumpleaños y cantar las Mañanitas, organizar el rincón de los libros vagabundos o el tendedero poético para fomentar la lectura y el amor por la palabra, ganar el premio Elías Nandino, musicalizar coplas populares, honrar a las secretarias en la sala Ollín Yoliztli, producir el Sueño de una Noche de Verano, iluminar las columnas y los patios con sus voces, propiciar el diálogo entre el arte y la ecología, organizar los sonidos de seis siglos, pasar horas en el laboratorio de neurociencias y contribuir a la rehabilitación de personas del Centro Histórico, participar en las Jornadas Interhospitalarias, hacer decenas de exámenes de orientación vocacional, dar atención psicológica a niños con enfermedades terminales o a aquellos que tienen el síndrome de Down, participar en los Plantones Poéticos en el Museo Soumaya, cruzar la ciudad y vencer mil obstáculos para llegar a entregar un trabajo, evaluar a los profesores, acceder a la palabra del otro y a su mirada sentados en las mesas del Gran Claustro, formar parte del Consejo de Estudiantes y presentar en los Consejos Técnicos o en el Consejo Académico las sugerencias, proyectos, propuestas, programas surgidos en el seno de la comunidad estudiantil, organizar distintos concursos, conciertos, conferencias, ciclos de cine o recorridos en bicicleta, participar en las jornadas académicas, en los Días Claustro, decidir hacer una tesis a pesar de poder titularse por excelencia académica, hacer investigaciones que nos permitan entender mejor nuestra realidad y contribuir a mejorarla, ensayar una obra de teatro y asistir a los performances, oír a las blogueras del mundo o a los poetas, proyectar sobre las blancas superficies las imágenes de esos sismos que nos marcaron y que mostraron el rostro de la solidaridad y de una sociedad civil naciente, festejar nuestras tradiciones, descubrir la realidad de México en otros ojos, en otras pieles, atender tantas discusiones y acuerdos, encontrar una palabra común, asombrarse ante los atardeceres y las ruinas, sentir la tristeza del desencuentro, compartir los patios con los gatos paseantes de este Claustro, sufrir las desveladas, los reclamos y los sacrificios, celebrar las tonalidades de la tarde en la cúpula o el campanario, festejar los azules, rosas, verdes o morados que pintaron las piedras y las ruinas y les dieron sentido, cantar el día de la inauguración del Divino Narciso, cargar los restos de Sor Juana para depositarlos en el Coro Bajo a 320 años de su muerte, participar en las tantas Habitaciones del Ruido, recorrer juntos las azoteas y descubrir nuevas perspectivas, brindar con cerveza el cierre de este ciclo, oír las confesiones y los mariachis en la última Velada o las campanas que vuelan cada vez que hay que festejar alguno de sus logros, celebrar la presencia de tantas personas que nos compartieron su saber, su experiencia, sus convicciones y sus luchas, valorar el ejemplo de los maestros que inspirarán para siempre su vida, celebrar el nombramiento de Guillermina Torres Savín como Vicerrectora Académica, reconociendo la excelencia de su desempeño en el Colegio de Gastronomía, o despedir hoy con tristeza a Tania Ramírez quien nos enseñó a buscar nuevas metáforas para construir la esperanza, y hoy la vida nos invita a festejar con sus padres, sus parejas, sus familias, sus maestros y amigos haber cumplido la palabra empeñada, saber que fueron capaces de desplegar su ser y que el tránsito por este Claustro los hizo mejores seres humanos, mejores ciudadanos.

Recuerden que lo importa es la vida, lo que importa es ganarnos la vida, pero la vida a la que me refiero, es la Vida con mayúscula ésa que vale la pena ser vivida, esa por la que vale la pena empeñar nuestro tiempo, esa vida que suma y no resta, esa vida que hace que no seamos, como lo dijera Don Q, una chispita transitoria que corre ingenuamente de siempre a nunca; sino ejemplo y esperanza porque somos buenos huéspedes, porque de alguna manera somos capaces de dejar este mundo mejor de como lo encontramos, porque somos, como lo dijera el filósofo, peregrinos de lo posible.

Todo rito tiene sus reglas, unas se arraigan en el pasado, otras lo trascienden. Nos corresponde a todos hacer un acto de conciencia y asumir las consecuencias de lo que deseamos y elegimos, de nuestros actos, de nuestra conducta y decisiones y permitir que la luz que se filtra del pasado trascienda el presente e ilumine e inspire nuestros pasos mañana.

Hoy acudo a la palabra luminosa de la ofrenda, como diría María Zambrano, para agradecer especialmente a las y a los estudiantes que asumieron como propia la Filosofía Institucional, que se comprometieron con la comunidad, que realizaron proyectos de distinta índole, que fueron solidarios y ejemplares y cuya presencia ha enriquecido la vida de este Claustro y lo que somos. Quiero hacer un reconocimiento muy especial a los representantes estudiantiles, sin duda su labor ha sido enriquecedora.

Y así como a ustedes les corresponde detener el paso, a nosotros, los que trabajamos en este Claustro nos corresponde interrogarnos, saber si eso a lo que entregamos nuestra vida, nuestro saber, nuestra convicción y capacidades ha contribuido a hacer de esta casa de estudios un espacio mejor.

Con hechos queremos demostrar la manera como la Universidad del Claustro de Sor Juana ha sido coherente con la Filosofía que nos anima, y responde, a través de todas sus decisiones, de todas sus acciones y resultados a las premisas que nos inspiran y al tipo de educación en la que creemos. Sin duda falta mucho todavía pero, como lo decía Spinoza, la cosa excelente ha de ser difícil. Por eso ante la dificultad el gozo de lo que se logra, se acrecienta.

A lo largo de estos cuatro años, seguimos avanzando, emprendimos una restructuración de la institución no sólo en la organización de sus áreas y funciones sino para atender los indicadores de calidad propuestos por las acreditadoras que avalan la excelencia de nuestra institución. El año pasado forzamos la maquinaria de la institución ya que emprendimos la actualización de la totalidad de nuestros programas académicos de licenciatura. Con mucho orgullo les comparto que la Secretaría de Educación Pública a finales del año nos autorizó sin observaciones la actualización de todos los programas. ¡Esto de verdad es un gran logro!

Seguimos generando conciencia sobre la importancia de promover las humanidades, el pensamiento crítico, el estudio e investigación del arte y la cultura; nos empeñamos en seleccionar y promover la permanencia de profesores que en su gran mayoría cuentan con posgrado, experiencia docente y profesional; mujeres y hombres comprometidos con la educación y la investigación; seguimos cumpliendo, ofreciendo cursos de actualización docente para los profesores, y programas de tutorías y estrategias de apoyo académico para los estudiantes; así como un programa de becas y apoyos financieros que beneficia a más del 20% de nuestras alumnas y alumnos. Estas políticas propician que puedan concluir sus estudios a pesar de los retos académicos o los problemas económicos que enfrentan. Seguimos cumpliendo fortaleciendo tanto los programas de prácticas profesionales como los de servicio social que permiten que nuestros estudiantes relacionen la teoría y la práctica, que conozcan la realidad y se vinculen con aquellos espacios en los que quisieran cumplir su vocación; cumplimos incrementando los convenios de intercambio académico y movilidad estudiantil, y a través de las líneas de investigación, algunas con instituciones del mayor prestigio a nivel internacional, analizamos, informamos y damos respuesta a problemas e inquietudes sociales, intelectuales, humanas, muchas de ellas compartidas en publicaciones arbitradas, congresos nacionales e internacionales y programas de radio y televisión; cumplimos a través de nuestras publicaciones y coediciones y las centenares de actividades académicas, artísticas y culturales que ofrecemos de manera gratuita a nuestra comunidad y a los visitantes externos, así como a través de los programas de responsabilidad social. Quiero destacar que una gran parte de estas actividades son ideadas, organizadas y promovidas por nuestra comunidad de estudiantes.

Durante estos años hemos cumplido al obtener acreditaciones, certificaciones y reconocimientos que, en el contexto de la educación y de la realidad nacional, son extraordinarios. Hace exactamente cuatro años fuimos reconocidos por la Secretaría de Educación Pública como una institución de Calidad Asegurada por haber cumplido los indicadores de calidad exigidos por esta instancia. Vale la pena destacar que de las más de 300 instituciones superiores que existen en la Ciudad de México, sólo 17 obtuvimos esta categoría. En cuanto a la acreditación de los programas de licenciatura y sólo para destacar el nivel de excelencia de nuestra casa de estudios quiero mencionar que en el caso de psicología de los 880 programas de licenciatura que cuentan con Reconocimiento de Validez Oficial de Estudios a nivel nacional, menos del 10% han sido acreditados por CNEIP, en tanto que sólo 46 de los 1600 programas de comunicación en la República han sido acreditados por CONAC, es decir menos del 3%. Para finales del 2017 esperamos contar con la acreditación de todos los programas de licenciatura de la institución.

Así mismo y de acuerdo con uno de los rankings más importantes del país, la licenciatura en gastronomía por séptimo año consecutivo ha sido la mejor evaluada por estudiantes, docentes y empleadores.

Otro de los rubros en los que hemos cumplido es cuidando los recursos de la institución, invirtiendo en estos últimos cuatro años, el equivalente al 40% de los últimos diez años; manteniendo, restaurando, protegiendo de manera permanente el inmueble y nuestra infraestructura. De 2012 a la fecha remodelamos entre otros espacios el Auditorio Divino Narciso y el Soto Coro, creamos la sala de cine, construimos las nuevas oficinas de la Vicerrectoría Académica y de todas las Direcciones de los Colegios, construimos en la Celda Contemporánea la ventana arqueológica continua más grande del país, readaptamos todos los espacios de servicios a la comunidad desde los baños, bodegas y los consultorios médicos hasta los espacios de atención a la comunidad de estudiantes y docentes, así como la mayoría de las oficinas y las salas de los consejos universitario y académico, nivelamos el piso de este Gran Claustro, incrementamos los equipos de seguridad, modernizamos las cocinas, las instalaciones de iluminación, las salas de cómputo, creamos la oficina para la sociedad de alumnos y próximamente inauguraremos la sala de juicios orales y los nuevos cubículos para profesores.

Es en el seno de los órganos colegiados y en muchos casos con la participación de los representantes de la comunidad de estudiantes que se toman las decisiones más importantes de esta casa, las académicas, las administrativas, las culturales y las de vinculación y promoción. Contamos con un nuevo Plan Estratégico Institucional e indicadores que nos permiten evaluar el cumplimiento de nuestros objetivos y tomar decisiones bien fundamentadas.

En realidad lo que le da sentido a lo que somos y hacemos, en este Claustro, es formar seres humanos, como la generación que hoy egresa, éticos, capaces, participativos, críticos, solidarios, imaginativos, tolerantes, disciplinados, inconformes, abiertos al diálogo, esforzados, trabajadores, creativos, ejemplares, comprometidos con la transformación de esta realidad para hacer de México un país mejor.

Hoy es tiempo de vendimia, llegó el día en que han de recolectar todos los frutos, guardarlos en su corazón, en su mente, en sus manos, para servirse de ellos mañana como puntal y fortaleza, como guía, como brújula, como estrella de la mañana, como vela y como viento.

La finalidad última del rito es estrenar tiempos nuevos; todo nacimiento a él está referido, en él dialoga el pasado y la libertad. La emoción que acompaña cada celebración, como lo sugiere el teórico francés Marc Augé, surge del sentimiento de que se ha logrado producir algo nuevo, de que algo nuevo ha nacido. Y acaso en la posibilidad de invocarlo, en la posibilidad de conjugar en futuro la vida, encontramos su sentido. Necesitamos contar con esta intuición, con este signo que valora el tiempo y lo proyecta y lo hace mañana y sin el cual el ser simbólico que somos, se detendría paralizado ante la duda, el miedo, la nada, el sinsentido. Tenemos que tener la certeza de qué queremos, de qué podemos hacer del futuro, porvenir. Y hacer del futuro, porvenir significa tener la capacidad, el deseo, la voluntad y la fuerza de transformar esta realidad seca, devastada, crítica por las contradicciones que la habitan y que la tornan destructiva.

Por eso los invito a que nos preguntemos si se ha agotado el tiempo de lo posible. ¿Tenemos porvenir? ¿Tiene sentido resistir? ¿Podemos ir más allá de la apelación del sufrimiento y la injusticia? ¿Podemos transformar el dolor en esperanza?

Esta realidad nos ha ido arrebatando la sensibilidad, la conciencia del otro, el sentido de comunidad, el orgullo de pertenencia. Tenemos que recuperar la palabra compartida nacida de las voces de todos. No podemos permitir que nuestra capacidad de elección se reduzca a la maldad o a la indiferencia, y que la solidaridad y la concordia sean expulsadas del reino de lo posible. No podemos dejar que la esperanza pase de largo y permitir que el lenguaje de la derrota se nos instale como fatalidad o como condena. Nos queda acaso afirmar nuestra condición de sujetos, de seres humanos dispuestos a reivindicar nuestra voluntad de intervenir en este mundo desde la reflexión y el compromiso explícitamente asumido para afirmar, ante la cobardía, la mentira, el cinismo y el horror: “no en nuestro nombre”.

Hay días, es cierto y supongo que a ustedes también les ha pasado, que la luz no pasa por ningún resquicio, que no nos basta el conocimiento o el amor, la imaginación o la voluntad, que el futuro parece condena, que tenemos que asumirlo como fatalidad o como destino, que ni siquiera el recuerdo de la luz o los ojos de nuestros amores bastan para animar nuestros pasos.

Y cuando vivo días así, me refugio en ese espacio de resistencia que es la poesía, en ese lugar en el que todavía queda un sentido de gratuidad y de salvación, donde como lo sugiriera Mohamed Rumi, el poeta persa, todavía es posible danzar y entregar el alma, batir palmas y dejar atrás las imperfecciones del sí mismo. En días así vuelvo a Sor Juana para convencerme de que: “Las luces de la verdad; no se oscurecen con gritos; que su eco sabe valiente sobresalir del ruido”.

Cuando empecé a escribir este texto me topé con el poema de Paul Valery El cementerio marino y de alguna manera su aliento inspiró estas palabras. Comparto ahora con ustedes los últimos versos:

¡Bebe, sed interior, este viento naciente!
Una suave frescura, por el mar exhalada,
Me devuelve mi alma... ¡Oh potencia salada!
¡Corramos a la ola que refluye viviente!
¡Sí! Majestuosa mar de delirios dotada,
Piel de pantera y clámide agujereada
Por millones de ídolos donde el sol se refleja,
Hidra absoluta, ebria de tu carne azulada,
Que en tu brillante cola hundes la dentellada
En un tumulto que al silencio semeja,
¡El viento se levanta! ... ¡Hay que intentar vivir!
Mi libro cierra, inmenso, luego lo vuelve a abrir,
¡De las olas deshechas nuevas olas derivan!
¡Volad, volad vosotras, páginas deslumbradas!
¡Romped, olas! ¡Romped con aguas exaltadas
Este techo tranquilo donde los foques iban!

Unas recomendaciones últimas.

Recuerden que el habla puede ser arma de transformación y bálsamo, que uno de los principales campos de batalla de nuestro mundo, del momento político que vivimos, es el del lenguaje donde se juega la conciencia colectiva y los valores, la memoria y el futuro.

No pierdan su capacidad crítica, sean capaces siempre de interrogar, de cuestionar; no renuncien nunca a ello, reivindiquen el derecho a buscar la verdad y a expresarla.

Y sobre todo, no pierdan la capacidad de asombrarse ante la belleza del universo, ni de conmoverse ante su fragilidad; nunca pierdan la capacidad de indignarse ante la injusticia, ante la imposición, ante la falta de respeto a cualquier ser humano, ante la manipulación y la mentira.

Gánense la Vida con mayúscula, y recuerden que, como lo dijera la poeta Alejandra Pizarnik “la luz es sólo luz en la memoria de la noche” y acaso “la palabra sólo es palabra en el recuerdo del silencio”.

Cayó el telón de la infancia, y empieza a bajar el de la primera juventud. Hoy pueden estar agradecidos con sus padres, porque sostuvieron sus pasos, porque los hicieron posibles. Hoy pueden estar agradecidos de contar con sus familias, con sus amores, con sus amigos, con sus maestros, testigos todos de su vida y de sus logros. Estoy segura que coinciden conmigo en que hay seres que acompañan nuestra vida y le dan sentido, hay seres que son lo más cercano a una bendición, y estoy segura de que todos ustedes cuentan en su vida con muchas bendiciones, y que también han aprendido a bien decir, a desear el bien para ustedes, para sus familias, para su comunidad, para nuestro país. 

Espero que en unos años, cuando detengan de nuevo el camino para evaluar el tiempo y los afanes puedan mirarse al espejo con orgullo, con la convicción de que no traicionaron lo que eligieron ser y hacer. Espero que cuando miren a sus hijos a los ojos o a sus nietos, a sus amores, puedan decirles que fueron capaces de hacer de este mundo un lugar más justo, más libre, más humano, que lo dejan mejor de como lo encontraron; que contribuyeron a mejorar la realidad de nuestro país, de aquellos con quienes compartimos la sangre y el suelo, la historia, los mitos, las tradiciones, los sabores, los cantos y los colores, los principios y las ausencias, las vidas ejemplares y el orgullo de ser mexicanos.

No se olviden que este México los necesita.

Y cuando volteen la mirada, recuerden que en el umbral iluminado están las piedras de este Claustro que también se sostienen para honrar el tiempo y la memoria, el derecho a la palabra, al conocimiento, a la libertad, recuerden que esta casa es su casa, que ustedes la han enriquecido y que aquí atesoramos la presencia de cada uno.

Hoy el viento se levanta ... ¡Hay que intentar vivir!

Durante la Ceremonia del Día de la Universidad, nuestra casa de estudios reconoció a egresados y ex alumnos destacados. ¡Felicidades a todas y todos!

Día de la Universidad 2016. Ex alumnos destacados

Alumno: Sabrina Orozco Camacho
Carrera: Comunicación audiovisual
Ciclo escolar de egreso: 12-1


Alumno: Roberto Villanueva Guzmán
Carrera: Derechos Humanos y Gestión de Paz
Ciclo escolar de egreso: 14-1

Alumno: Lina del Carmen Pulido Orozco
Carrera: Literatura y Ciencias del Lenguaje
Ciclo escolar de egreso: 02-2

Alumno: Verónica Díaz de León Bermúdez
Carrera: Filosofía
Ciclo escolar de egreso: 05-2

Alumno: Leslie Serrano Bucio
Carrera: Gastronomía
Ciclo escolar de egreso: 11-2

Alumno: Marcos Héctor García Sánchez
Carrera: Profesional Asociado en Producción de Espectáculos
Ciclo escolar de egreso: 12-3

Alumno: Xavier Amorhak Ornelas Vázquez
Carrera: Psicología
Ciclo escolar de egreso: 03-2

Alumno: José Emilio Salazar Benavides
Carrera: Maestría en Planificación y Gestión
Ciclo escolar de egreso: 13-1

Día de la Universidad 2016. Egresados Destacados

Alumno: Carmen Michelle Vega Monzalvo
Carrera: Comunicación Audiovisual

Alumno: Brenda Patricia Chavarría Vázquez
Carrera: Comunicación Audiovisual

Alumno: Roberto Brandon Ramírez Wacuz
Carrera: Derechos Humanos y Gestión de Paz

Alumno: Carlos Manuel Del Castillo Rodríguez
Carrera: Escritura Creativa y Literatura

Alumno: Pável Julián Romero Solís
Carrera: Escritura Creativa y Literatura

Alumno: Andrés Ulises Corona Pérez
Carrera: Estudios y Gestión de la Cultura

Alumno: Carlos Jonathan González Rodríguez
Carrera: Filosofía

Alumno: Diana Angélica Saldaña Cantarey
Carrera: Filosofía

Alumno: Daniela Elizabeth Álvarez Lugo
Carrera: Gastronomía

Alumno: Anahi Santelices Esperanza
Carrera: Profesional Asociado en Producción de Espectáculos

Alumno: Jocelyn Camacho Frausto
Carrera: Profesional Asociado en Producción de Espectáculos

Alumno: Cinthia Ivette Martínez Mares
Carrera: Profesional Asociado en Producción de Espectáculos

Alumno: Jannett Araceli Jiménez Araceli
Carrera: Profesional Asociado en Producción de Espectáculos

Alumno: Luz Eréndira Amaya Lugo
Carrera: Psicología

Alumno: Aline Ortega Zamudio
Carrera: Maestría en Planificación y Gestión