Amador Fernández-Savater y sus afectos en la política

La política es demasiado a menudo
el arte de traicionar los intereses reales y legítimos,
y de crear otros imaginarios e injustos.
Arturo Graf


Los eventos de la Universidad del Claustro de Sor Juana suelen tener grandes audiencias, sin embargo el miércoles 14 de septiembre a medio día, la Sala de Cine de la Universidad se antoja como un lugar insuficiente. La sala está llena, los estudiantes sentados incluso en el suelo aguardan con atención el inicio del Conversatorio Pensamiento, política y afectos, actividad organizada por el Colegio de Filosofía y Letras, el Colegio de Derechos Humanos y Gestión de Paz y el Colegio de Arte y Cultura; así como por el Laboratorio 3.0.
El Laboratorio 3.0 encabezado por Iliana Boltvinik y Enrique Martín Santamaría es un espacio colaborativo que pone temas sobre la mesa desde diversas perspectivas teóricas y disciplinares. Cada cuatrimestre organiza encuentros abiertos a la discusión en torno a un tema específico. En esta ocasión el invitado de honor es Amador Fernández-Savater, quien desde 1993 participa en colectivos sociales que intentan ejercer una política por fuera de la política oficial, la establecida.

La labor de Amador Fernández y su interés en los movimientos humanos independientes de partidos políticos y sin ideología declarada, agudizó sus actividades a partir de dos sucesos trágicos que conmocionaron España: 11 de marzo de 2004 cuando Madrid sufrió el primer ataque terrorista de Al Qaeda y el 15 de marzo del 2011 cuando la gente tomó la Puerta del Sol para protestar contra el sistema y definir coordenadas para una sociedad diferente.

Fernández-Savater mantiene el blog “Interferencias” en el periódico español El Diario, donde plasma sus inquietudes, reflexiones y experiencias en torno a los movimientos sociales. La principal labor de Fernández-Savater durante los movimientos masivos españoles ha sido conjugar un mosaico de las miles de voces que se han alzado para protestar por lo que ocurre en su entorno. A decir del filósofo y escritor lo más interesante de estos movimientos es lo que ocurre fuera de los espacios habituales donde se da la discusión política. De hecho cualquiera puede preguntarse cómo vivir mejor en sociedad, intentar auto organizarse sin esperar el beneplácito de los gobernantes; cómo repartir la riqueza, la educación, la salud, los servicios.

Para Fernández-Savater la trágica experiencia del 11 de marzo de 2004 fue muy importante porque se dio cuenta de cómo los activistas sociales se convierten con facilidad en expertos en política y aspirantes a puestos en el gobierno. Es fácil sucumbir a la idea de convertirse en expertos, como si los activistas tuvieran todas las respuestas. Pero en realidad lo que une a la gente común y corriente no es el conocimiento profundo de la política; en el caso de los atentados terroristas de Al Qaeda, sino el duelo, la certeza de que el gobierno mentía descaradamente. Pues en un principio el gobierno español aseguró que los atentados habrían sido obra de los terroristas españoles vascos: ETA. Estaban temerosos porque las elecciones ocurrirían en tres días y querían usar los atentados como propaganda electoral. Afortunadamente la sociedad no se dejó engañar y dejó al descubierto los mecanismos de manipulación del gobierno en turno.

Sin embargo, afirma Fernández-Savater, estos grupos suelen tener una idea muy ideológica de la política; lo cual crea una pantalla que no nos permite sentir. De su planteamiento consiste en que los afectos deben estar involucrados en la política porque no sólo es una emoción, también es un impulso, una fuerza que nos provoca a la acción, que puede poner a las multitudes en marcha.
Pero no hay que esperar una experiencia brutal para hacerse preguntas, reflexionar y cooperar con la comunidad. Las preguntas están en el día a día y la estrategia se basa en pensar lo que nos pasa. Como dice Gilles Deleuze: “pensamos siempre bajo coacción de la vida, es un problema de la vida”.

Para Fernández-Savater la Academia propone el pensamiento como algo ajeno a la vida: lo importante es acumular conocimiento en abstracto para acreditar materias. Sin embargo para involucrarse en serio tanto con el conocimiento como con las experiencias es necesario sentir afectos e incluso poner el cuerpo. Claro que esta posición contradice a la izquierda tradicional que suele ser rígida, aburrida, que considera que la sensibilidad engaña y no permite claridad en las ideas y en la reflexión.

En general la sociedad sabe que los medios mienten, que los banqueros no se preocupan por un bien común, que los políticos no actúan para el bienestar de la sociedad para la cual trabajan. El problema de la transformación social no es de conocimiento, sino físico. Estamos a gusto en el sistema por una idea de prestigio a través del consumo que seduce, que hace que la gente desee objetos, en lugar de bienestar real. Es necesario generar otra posición de deseo y para lograrlo hay que trabajar con la colectividad.

El 15 de marzo de 2011, la sociedad madrileña salió a las calles a protestar por la crisis económica. Miles de cuerpos se congregaron en plazas públicas, por la estafa de que eran objeto por parte de sus gobernantes. En esa ocasión el detonante fue la pérdida de vivienda por imposibilidad de pago. Cuatrocientas familias al día eran expulsadas de sus casas y eso le podía ocurrir a cualquiera. En este movimiento en particular, la gente que salía a protestar era de todo tipo, pero sin ideología o inclinación política; de modo que fue necesario armarse un discurso propio, original.

A este tipo de fenómenos, en los cuales la gente sale de forma espontánea a protestar, Fernández-Savater les llama: Sociedad en movimiento, en un intento por desligarse de cualquier liderazgo oportunista.
De hecho a partir de las protestas del 15 de marzo, surgió el partido político Podemos, que ya tiene otras intenciones, otros objetivos; y aunque afirmen que pretenden ser mitad movimiento y mitad partido; no suena factible ni creíble.

El objetivo de Amador Fernández-Savater es crear una construcción colectiva de pensamiento, una política de los afectos que abra espacios donde la gente pueda relacionarse de otra forma con el dinero, el consumo, el saber, la familia, la sociedad. Este es un trabajo entre varios, entre amigos que leen filosofía pero que creen en el pensamiento con palabras propias, para entender y reflejar la experiencia propia. Lo que siente un individuo respecto a la sociedad en que vive, generalmente lo sienten muchos, ahí está la fuerza.