La relación entre la Institución de Educación Superior, la gobernabilidad y la seguridad

Conferencia magistral del Doctor Leonardo Curzio

El Doctor Leonardo Curzio entra al Auditorio Divino Narciso de la Universidad del Claustro de Sor Juana con la presteza de quien no tiene tiempo que perder y a quien le sobra experiencia. Son las 13:30 horas del 11 de octubre. La conferencia que está a punto de impartir se titula “La Relación entre la Institución de Educación Superior, la gobernabilidad y la seguridad” que organiza el Colegio de Filosofía y Letras en el marco de la nueva línea de investigación Diálogo y participación ciudadana como claves para el cambio social. El auditorio está lleno, el público a la expectativa.


La Rectora Mtra. Carmen Beatriz López-Portillo Romano afirma, antes de cederle la palabra al Doctor Leonardo Curzio, que hay momentos en que parece que el futuro de la universidad está en riesgo, como universitarios debemos rescatar la función Rectora de esta noble institución. No es posible ser indiferentes a lo que sucede en el país y en el mundo. Ante esta realidad que avasalla, nos corresponde hacer conciencia e incluso exigir que se cumpla el sentido ético que debe tener la inteligencia.

En este Claustro, agregó la Rectora, a la universidad le corresponde ofrecer propuestas para eliminar los peligros y amenazas existentes para la continuidad de las sociedades, abrir espacios de crítica y de reflexión, de tolerancia y lucha contra la marginación. A la universidad le corresponde recordar lo que los diferentes poderes deben cumplir. La Rectora también señaló que nos hemos olvidado de la solidaridad y el compromiso, al someternos a un capitalismo de expolio, a ese poder fundamentalista que destruye todo lo que no funciona dentro de su lógica. Es entonces necesario proponer una política de estado que fortalezca la educación superior y el desarrollo de la cultura, la investigación y la ciencia. No hay que olvidar que una democracia que no se funda en el sentido ético de la vida no es sino el patrimonio ideológico de un grupo social. No es importante sólo la aplicación técnica de soluciones, sino el reconocimiento de ciertos principios sin los que ninguna comunidad se sostiene. Por lo anterior, una de las preocupaciones del Claustro es la defensa de la autonomía y cumplir la vocación de la formación de buenos profesionales, seres humanos y ciudadanos conscientes. Precisamente para contribuir con lo antes dicho, la Universidad del Claustro de Sor Juana procura invitar a personalidades como el Doctor Leonardo Curzio para abordar temas relevantes para la sociedad y la universidad.

En cuanto el Doctor Curzio sube al estrado se adueña del espacio y de la palabra. Tiene dotes de conversador nato y, aunque se ayuda de apuntes y de algunas diapositivas; resulta obvio que domina el tema. Lo primero que hace es agradecer el tiempo concedido para su participación, pues dice estar acostumbrado a constreñir sus intervenciones en televisión a sólo tres minutos. Por otro lado, el tiempo concedido le representa un desafío para abordar el tema de la relación entre la Universidad y las nociones de seguridad.

Seguridad Nacional

La Ley de Seguridad Nacional es el primer tema que se aborda. Curzio explica que se trata de un concepto ajeno a nuestras tradiciones, a los lenguajes jurídico, académico y hasta político; por lo tanto, hablar de Seguridad Nacional implica que la vida de la nación está en peligro.

Miguel de la Madrid fue el primero en plantear la Seguridad Nacional en su Plan Nacional de Desarrollo, sin embargo el asunto generó un ruido enorme tanto en el mundo académico como en el legal. En este país no existía el concepto y tenía un aroma de autoritarismo porque se relacionaba con la Constitución de Estados Unidos y con regímenes autoritarios de Centro y Sudamérica, donde se cometieron atrocidades en nombre de la Seguridad Nacional.
En México, por el contrario el concepto de seguridad se aplicaba al Estado, no a la Nación. Pues la prioridad del Gobierno no era preservar la Nación, sino a sí mismo. Así se estableció que era más importante el Estado, el sistema. La razón de Estado se convirtió en la razón del régimen. Por lo anterior, las elecciones eran poco competitivas. El Sistema se dedicaba a descalificar a los demás: los de la izquierda venían de la Unión Soviética, los satanizaban y afirmaban que eran un peligro para el país. Por otro lado, cuando la derecha empezó a crecer, el régimen decide que tampoco los puede dejar ganar, porque son los enemigos de la Revolución Mexicana, mochos y agentes norteamericanos. Ya para la década de 1980, se consolida la idea de que la seguridad es la del gobierno, en pocas palabras si no ganaba le PRI, la nación peligraría.

La discusión en torno a la Seguridad Nacional siempre ha quedado trunca. El ex presidente Vicente Fox trató de abrir un debate que fue un desastre porque se convirtió en un pleito burocrático entre Adolfo Aguilar Zínser y Santiago Creel, quienes se pelearon por el control burocrático. Discutieron tanto, que Fox decidió abandonar el proyecto. El ex presidente Felipe Calderón narcotizó el asunto: para él, la seguridad nacional fue declararle la guerra al narco. El presidente Enrique Peña Nieto creó el Plan Nacional de Desarrollo y el Plan de Seguridad Nacional, pero no logró hacerlos operativos.

Seguridad Pública

En cuanto a la seguridad pública, que es la hermana menor y más descuidada, tampoco funciona pues, afirma Curzio, ni siquiera tenemos la seguridad nacional del todo clara en términos conceptuales. El entramado jurídico es desastroso. La Ley de Seguridad Penal es una ley que reglamenta la inteligencia civil, pero es una ley envejecida en todos sus aspectos, sobre todo el tecnológico.

La Constitución dice que los municipios son responsables de su propia seguridad. Pero el estado mexicano no estaba preparado, es disfuncional. La seguridad local dejó de ser un problema de los municipios por ejemplo de Villahermosa o Ecatepec; para convertirse en un asunto de Seguridad Nacional. Antes de exigir a los alcaldes y gobernadores que atiendan el ámbito delincuencial dentro de sus competencias, habría que preguntarse si las partes que crean el sistema federal realmente funcionan. Cuando el presidente tenía todo el poder, las instituciones funcionaban, pero cuando se da autonomía a los estados y municipios, éstos no pueden lidiar con todos los conflictos. Es un problema institucional del estado mexicano, en el cual los propios gobernadores son incapaces y en consecuencia los problemas deben ser atendidos por entidades federales, pero ¿tiene el poder federal las capacidades necesarias?

Hoy en día, el gobierno mexicano cuenta con 45,000 policías federales para cuidar fronteras, instalaciones estratégicas, caminos, funcionarios, etcétera. En realidad es un número menor y la capacidad del presidente para movilizarlos es muy limitada. Por desgracia, el Estado se ve imposibilitado para apoyar a los gobernadores, que por otro lado, no cuentan con policías confiables.

Sergio Aguayo y el Colegio de México realizaron un estudio de las Matanzas de San Fernando y Allende de Coahuila, el terrible resultado es que el Estado Mexicano no tiene capacidad para enfrentar a los Z ni para cambiar la correlación de fuerzas. No es un asunto tan simple de buenos y malos, es una cuestión de poder e impotencia.

La Seguridad Pública y la Seguridad Nacional son indisociables, no se pueden discutir por separado. Y el indicador más evidente de que la seguridad no funciona es que la gente tiene miedo.

Seguridad jurídica

Se refiere al funcionamiento cabal de las instituciones, a la justicia cotidiana. Curzio afirma que somos un país ejemplar, tenemos una autocontención enorme. Dadas las carencias institucionales es asombroso que no nos matemos entre nosotros, llevamos muchos años con instituciones deterioradas. La prioridad de la gente es vivir en paz en sus comunidades.

La gobernanza es el punto de convergencia de tres asuntos fundamentales en un estado: la legitimidad, la eficacia y lidiar con emergencias, estos tres elementos deberían estar en equilibrio.

El gobierno tiene la tarea de hacer acuerdos con los grupos de presión para llegar a un modus vivendi, esto incluye a grupos formales e informales: iglesias, empresarios, crimen organizado, etcétera. El poder del Estado debería está por encima, sin anular otros poderes, pero controlándolos.

Papel de la Academia

Por desgracia, el problema de la seguridad se ha arrastrado durante mucho tiempo sin una solución cabal. Por eso las universidades y todas las instituciones que se dedican a la reflexión deben hacer un trabajo enorme.
De acuerdo a Curzio, en primer lugar se deben perfeccionar los marcadores de incidencia y los parámetros de desempeño del fenómeno, es decir identificar el problema. Hace falta mucha información para conocer la dimensión real de los problemas y actuar en consecuencia.

Algunas líneas de investigación necesarias y con las cuales no contamos son: el número de agentes económicos que son sujetos a extorsión, indicadores tanto de incidencia delictiva como de desaparecidos, número real o al menos aproximado de secuestros, estudio que analice la razón por la cual tenemos la tasa de homicidios más alta del plantea, percepción de seguridad por ciudades, razón por la que el mapa delictivo se mueve como se mueve, estrategias pata contener el desgaste de las fuerzas armadas, diferencia entre hombres y mujeres que cometen delitos (¿por qué el 95% de los homicidios los cometen los hombres?), averiguar por qué la mayoría de los que cometen crímenes son menores de 26 años.

No cabe duda que hay factores laterales que afectan a la seguridad como la desconfianza en las instituciones, lo cual ha generado que no se denuncien el 96% de los delitos cometidos; otro factor es el desempleo. Las universidades no pueden suplir las funciones de las autoridades, ni pueden resolver los problemas de un país; sin embargo son una fuente de conocimiento, investigación y análisis. Por otro lado, las universidades generan un entorno más amable e incluso proporcionan un servicio intangible que es la alegría; que contribuye al mejoramiento de la comunidad donde se encuentra. Y además genera todo tipo de servicios culturales y una importante derrama económica.

El objetivo principal de las universidades debería ser sensibilizar a los estudiantes y alentar la investigación. Una sociedad mejor informada, promueve la deliberación pública para solucionar problemas en conjunto.
Y aunque las universidades de México han formado cuadros burocráticos para ocupar puestos en el gobierno; por desgracia las instituciones que hacen investigación, es decir las universidades no se han vinculado con la parte del gobierno que hace las políticas públicas.

Curzio reafirma que es necesario crear una comunidad epistemológica que discuta estos temas desde la academia y desde el Estado.