Cien años de Juan Rulfo

La Universidad del Claustro de Sor Juana celebró los cien años de Juan Rulfo con dos mesas dedicadas al escritor, integradas por destacados intelectuales y estudiosos, quienes desde sus puntos de vista particulares celebraron el centenario de uno de los autores más importantes de Latinoamérica.

La primera mesa se tituló: No dejamos de leer a Rulfo y fue moderada por la rectora Carmen López-Portillo. Participaron Edith Negrín, Raquel Serur, Sara Poot Herrera y Cristina Rivera Garza.

En su ponencia “Las infinitas lecturas de Juan Rulfo”, la académica e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México, Edith Negrín compartió un ameno texto en el que ofreció una categorización de temas para el estudio de Juan Rulfo.

La escritora y profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM Raquel Serur compartió en su ponencia “El día que no entrevisté a Juan Rulfo” una anécdota de cómo se acercó a Juan Rulfo en la librería el Ágora, mientras el autor bebía café, leía y fumaba, para solicitarle una entrevista. La idea era publicarla en una revista estudiantil. Rulfo la citó en la cafetería del Hospital Infantil a las 7 am de un jueves próximo. El día de la cita, Rulfo llegó puntual, pero como la cafetería estaba a la entrada de urgencias, Serur no fue capaz de realizar la entrevista; cada que formulaba una, llegaba alguien desesperado a urgencias y como las enfermeras no se daban abasto, Serur terminó por socorrer a la gente. Jamás pasó de la primera pregunta y el tiempo se agotó. Años después, comprendió que el maestro le quiso dar una lección: “para entender su literatura tenía que situarme y experimentar lo que es estar en el filo que separa la vida de la muerte”. Aunque Serur lo siguió encontrando en la librería el Ágora, jamás volvieron a intercambiar palabra.

Para Sara Poot Herrera, cofundadora y directora de UC Mexicanistas y Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, Sor Juana y Rulfo presentan coincidencias, así lo expresó en su ponencia “Con Juan Rulfo en San Jerónimo”. Poot afirmó que la literatura mexicana no puede prescindir de estos dos grandes autores, quienes en épocas distintas fueron viajeros, ninguno realizó una carrera universitaria, ambos muestran el mestizaje, las tradiciones, fueron cosmopolitas a su modo, tienen un uso peculiar e innovador del lenguaje, crearon universos propios que nos recrean y nos reflejan. Además ninguno pudo dedicarse de lleno a escribir, dejaron de publicar en algún momento y preferían escribir de noche.

Para finalizar esta mesa, la escritora Cristina Rivera Garza, compartió su experiencia en Luvina, pueblo mítico en la sierra de Oaxaca. Su libro Había mucha neblina o humo o no sé qué, contiene un capítulo titulado “Luvinitas”. En lugar de relatarnos el contenido del capítulo, la autora narró su visita al pueblo, que se encuentra a cuatro horas de la ciudad de Oaxaca. En Luvina se dio cuenta de que la gente conoce la obra de Rulfo y que no está de acuerdo con que el autor los haya calificado como gente que no sabe sonreír. Sin embargo lo más importante de la visita es que se inauguró la primera biblioteca pública de la localidad. Los habitantes de Luvina pidieron apoyo para que la biblioteca crezca, para que más gente los visite y para que se enteren de que son una comunidad que ha rendido homenaje a Juan Rulfo por iniciativa propia.

La segunda mesa se tituló: Juan Rulfo y nuestras geografías y fue moderada por Sara Poot Herrera. Participaron Luzelena Gutiérrez de Velasco, Oswaldo Zavala e Yvette Jiménez de Báez.

La Doctora en Literatura Hispánica, en su ponencia “Rulfo y el Jalisco imaginario” afirmó que los recuerdos de Rulfo convertidos en literatura abarcan la región del sureste de Jalisco desde Chapala hacia el oeste. Rulfo retrató tanto en sus obras literarias como fotográficas, la dureza del paisaje y esterilidad de la tierra que enmarcan las acciones de los personajes. Seres humanos y territorio se interconectan. Sin embargo, aunque muestra una localidad impregnada por la resequedad, la desdicha, la soledad y la muerte; también se refiere a la ilusión, la esperanza y la luminosidad. La literatura de Rulfo muestra una cultura “glocal” que funde lo local con valores de índole global; sus temas, personajes y situaciones parten de lo local para conformar elementos que inciden en una sensibilidad de carácter global.

Oswaldo Zavala, profesor de Literatura Latinoamericana The College of Staten Island & City University of New York (CUNY), afirmó en su ponencia “Comala en Santa Teresa, Rulfo en Bolaño” que hay coincidencias evidentes entre la obra de Juan Rulfo y la de Roberto Bolaño. Afirma que en la novela 2666 de Bolaño, el escenario que se llama Santa Teresa y que es una metáfora de Ciudad Juárez es una interpretación a futuro de la mítica Comala de Rulfo. Tan es así que en un momento dado, uno de los personajes dice estar harta de que todo el mundo se comporte como Pedro Páramo. Santa Teresa, dice Zavala, es el reverso simbólico de Comala. Sergio González Rodríguez describió como nadie la máquina de feminicidios de Ciudad Juárez, el odio y violencia misógina y el machismo. Mientras que Pedro Páramo es el rencor vivo que tiranizó a todo un pueblo, ejerciendo la más despiadada expresión de su monstruosa masculinidad. Para Zavala, tanto Comala como Santa Teresa están en la boca del infierno y son el espejo de nuestra infamia.

La investigadora y académica de El Colegio de México, Yvette Jiménez de Báez, afirmó en su ponencia “Rulfo y la historia”, que la obra de Rulfo está impregnada de historia y que tanto los cuentos como la novela vinculan todo el proceso de la vida del hombre con el de la naturaleza. Y según se incline la historia hacia la muerte o hacia la vida, los elementos primordiales se transforman.